Esperaba encontrar a mi príncipe azul a la salida del trabajo esperándome con un ramo de flores en la mano. A cambio, el príncipe azul -que no es ni tan príncipe ni tan azul- estaba en su casa y me llamó para decirme feliz primavera. Sí, muy feliz... ¿y las flores?
Hace años que mis días de la primavera son tan iguales a los demás que ni me doy cuenta del cambio de estación (como si sirviera de algo) Salvo que sea fin de semana y ahí sí, la casa por la ventana, eh!

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